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IA para abogados

La paradoja de la eficiencia: cuando la IA también pone en riesgo tu profesión

Todos queremos eficiencia — hasta que tú eres el siguiente en la lista de ineficiencias. Si vives o has vivido en Estados Unidos…

La paradoja de la eficiencia: cuando la IA también pone en riesgo tu profesión

I.

Si vives o has vivido en Estados Unidos, hay dos cosas que sabes con absoluta certeza: no quieres ir al doctor y no quieres ir con un abogado.

No porque no los necesites. Sino porque el precio de necesitarlos puede desequilibrarte financieramente— dejarte con las tarjetas sobregiradas por una visita a urgencias o una consulta legal que duró un par de horas.

Una consulta legal empieza en trescientos dólares la hora. Una visita a urgencias puede costar lo que un mes de renta. Y lo interesante no es que sean caros — hay razones para que lo sean — sino que e l sistema entero está construido con capas de obligatoriedad que restringen al ciudadano promedio hasta en las cosas más simples.

Pensemos en algo tan cotidiano como un acuerdo prenupcial. Dos personas que están de acuerdo en todo. Que quieren poner sus términos por escrito antes de casarse. En la mayoría de los países, eso es un trámite. En Estados Unidos, el sistema te obliga a que cada futuro esposo contrate su propio abogado para que el documento sea válido. Cada uno paga al menos mil quinientos dólares en honorarios o el acuerdo no existe. No importa que ambos quieran exactamente lo mismo.

Necesitas prescripción médica para comprar antibióticos que en cualquier farmacia de Ciudad de México están en el mostrador. Necesitas un abogado para entender un contrato de arrendamiento que, en teoría, estás firmando voluntariamente.

El sistema estaba suficientemente protegido antes de que existiera la inteligencia artificial. Lo que la IA hizo fue algo que nadie esperaba.

No atacó al sistema. Lo expuso.

II.

Hay que ser honestos. Un abogado migratorio que ha procesado cientos de visas tiene un valor que ninguna máquina puede replicar. La intuición de quién ha visto el patrón . El criterio que se forma después de años frente al mismo tribunal. El conocimiento de que este juez tiene esta tendencia, de que este oficial revisa esto primero. Yo no le confiaría mi caso migratorio a un chatbot. Pagas por la experiencia de quien ha hecho el trámite cientos de veces, y eso tiene un valor real.

Pero hay una diferencia enorme entre un caso migratorio que puede afectar tu estatus y obligarte a desarmar tu vida, y entender qué dice un aviso de desalojo. Entre una cirugía y googlear a las dos de la mañana si lo que sientes justifica ir a urgencias.

Durante décadas, ambas cosas — lo simple y lo complejo — vivieron detrás de la misma barrera de trescientos dólares la hora. Y entonces, por primera vez, millones de personas tuvieron acceso a algo que se parecía — imperfectamente, pero se parecía — a orientación básica. Sin cita. Sin copago. Sin factura sorpresa tres semanas después.

No era perfecto. Pero para quien antes no tenía nada, era todo.

La pregunta lógica era: ¿cómo mejoramos esto?

Prohibámosla.

III.

En 2023, un emprendedor llamado Joshua Browder intentó algo audaz. Su empresa, DoNotPay, se autoproclamó "el primer abogado robot del mundo." La promesa era irresistible: un chatbot que podía sustituir a un abogado, generar documentos legales válidos, incluso representarte en un tribunal con un audífono conectado a la IA. Acceso legal instantáneo. Sin costos prohibitivos.

Resultó ser un desastre.

Los documentos tenían errores. Browder nunca probó si su chatbot funcionaba al nivel de un abogado real. Nunca contrató abogados para validar la calidad del producto. Amenazaron con mandarlo a prisión si su IA hablaba en un juzgado. En 2025, la FTC lo sancionó: ciento noventa y tres mil dólares de multa, prohibición de hacer afirmaciones sin evidencia, notificación obligatoria a todos sus suscriptores de que el servicio no sustituía a un abogado.

El sistema lo detuvo. Sin una ley nueva. Con las herramientas que ya existían.

Lo que pasó después es lo que vale la pena examinar con cuidado.

Porque la reacción no fue decir "el marco regulatorio funcionó, el charlatán fue castigado." La reacción fue proponer leyes que castigan a todos. Al charlatán y al que da información precisa. A la startup irresponsable y a la clínica comunitaria que usa IA para explicarle a un inquilino cuáles son sus derechos.

En febrero de 2026, el Senate Bill S7263 de Nueva York llegó al calendario del pleno del Senado. Aún no es ley — debe pasar votación, cruzar a la Asamblea, ser firmado por la Gobernadora — pero avanzó por comité con voto unánime y tiene impulso real. El proyecto tiene apenas dos páginas. Prohíbe que cualquier chatbot proporcione "respuestas sustantivas, información o consejos" en catorce profesiones licenciadas, más el ejercicio de la abogacía:

"A proprietor of a chatbot shall not permit such chatbot to provide any substantive response, information, or advice, or take any action which, if taken by a natural person, would constitute a crime under section 6512 or 6513 of the education law" — NY Senate Bill S7263, §390-f(2)(a)

La redacción es rebuscada, pero lo que dice es simple: nadie que no sea un profesional licenciado puede orientarte. Ni siquiera una máquina.

Crea un derecho de acción privada con recuperación de honorarios. Y el detalle verdaderamente extraordinario: el operador no puede librarse de responsabilidad aunque le advierta al usuario que está hablando con una IA. El disclaimer no te protege.

En la misma semana — marzo de 2026 —, a tres mil quinientos kilómetros de distancia, en San Luis Potosí, México, un ciudadano presentó una iniciativa ante la legislatura estatal para adicionar un artículo 259 BIS al Código Penal. La propuesta equipara al delito de usurpación de profesión a quien diseñe, desarrolle o comercialice sistemas de IA que generen asesorías propias de una profesión regulada sin intervención de un profesionista autorizado. La sanción: uno a cuatro años de prisión.

Dos hemisferios. Dos sistemas legales. La misma reacción.

IV.

Lo que está pasando con los abogados en Nueva York y San Luis Potosí no es nuevo. Es lo que hacen todos los gremios cuando sienten amenazados sus intereses: legislar.

Los taxistas lo intentaron con Uber. Los hoteleros con Airbnb. Los sellos discográficos con Napster. El patrón es siempre el mismo — primero ignoran, después se burlan, después pelean en tribunales y congresos.

A veces ganan tiempo. Nunca ganan la guerra.

V.

Y aquí es donde comienzan las preguntas que nadie quiere responder.

Porque todos estamos de acuerdo en hacer lo más eficiente para la sociedad — hasta que tú te vuelves el siguiente en la lista de ineficiencias.

Entonces pedimos protección. Para el diseñador gráfico al que contratan menos porque la gente ya se hace sus logos con IA. Para el traductor que se quedó sin traducciones de un trimestre al otro. Para el chofer de taxi y de Uber que tiene sus días contados al volante. Para el abogado que ve cómo un chatbot hace en treinta segundos lo que él cobra en una hora.

¿Entonces queremos eficiencia? ¿O la queremos solo cuando le toca al otro? ¿Dónde está el equilibrio feliz?

VI.

Vivimos un momento histórico y lo estamos viendo en tiempo real.

Jack Dorsey — cofundador de Twitter — publica una carta a inversionistas explicando que la inteligencia artificial ya cambió la forma en que opera su empresa Block. Elimina más de cuatro mil puestos de trabajo de un día para otro. Las acciones suben. Cuatro mil personas se enteran por una publicación que cabe en una pantalla de teléfono.

Los que salen de las universidades encuentran cada vez menos espacios. Y los que encuentran, llegan a un mundo profesional que ya no es lo que era pero que tampoco termina de evolucionar. Están siendo revolcados por una ola que nadie les enseñó a surfear.

Mientras tanto, en Albany redactan leyes para que un chatbot no pueda explicarte un contrato de arrendamiento. En San Luis Potosí proponen cárcel para quien programe una IA que oriente sobre temas legales. Y en todas partes, los consumidores — que también son los trabajadores, los choferes, los diseñadores, los recién egresados — siguen abriendo ChatGPT a las once de la noche porque es lo único que tienen.

No voy a concluir con lo que se debería o no hacer. No tengo esa respuesta. Lo que sí puedo decir es algo más simple y más incómodo:

Eso que nos decían que iba a pasar — ya está ocurriendo.

Página oficial del bill (NY Senate): https://www.nysenate.gov/legislation/bills/2025/S7263

Texto completo en PDF (2 páginas): https://legislation.nysenate.gov/pdf/bills/2025/S7263

Iniciativa ciudadana San Luis Potosí: https://drive.google.com/file/d/1HOGKYX7p5YEmaiwWtIRsUyKoz1eD6yqo/view