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Regulación y política

México 2025: la IA que vive en PowerPoint

Como buen político en campaña, prometer no empobrece. Y el gobierno mexicano ha sido pródigo en promesas sobre inteligencia…

México 2025: la IA que vive en PowerPoint
Como buen político en campaña, prometer no empobrece.

Y el gobierno mexicano ha sido pródigo en promesas sobre inteligencia artificial: laboratorios nacionales, modelos de lenguaje soberanos, supercomputadoras con nombres aztecas, escuelas públicas de IA. Lo que escasea son los productos terminados. A diciembre de 2025, el inventario de lo que realmente funciona cabe en una servilleta.

El 2025 fue un año fértil en anuncios.

En abril, la presidenta Claudia Sheinbaum prometió el Laboratorio Nacional de Inteligencia Artificial "para octubre". Octubre llegó y el laboratorio no. En julio, Marcelo Ebrard anunció un modelo de lenguaje propio; en noviembre presentó "KAL", sin documentación técnica, sin código, sin benchmarks. También en noviembre llegó Coatlicue, la supercomputadora que será "la más poderosa de América Latina" —cuando se construya, en 2026, si todo sale bien. Y así sucesivamente: el Centro Público de Formación en IA abrió convocatoria, pero las clases empiezan en enero de 2026. La Política Nacional de IA está "en elaboración".

La Ley de IA tiene múltiples iniciativas en el Congreso; ninguna aprobada. ¿Qué opera realmente? Investigadores del CIDE salieron a buscarlo. Encontraron 119 aplicaciones de IA reportadas en los tres niveles de gobierno. El problema: la opacidad fue generalizada, muchas dependencias ni siquiera respondieron, y 223 supuestas aplicaciones "de IA" ni siquiera calificaban como tal.

En el gobierno mexicano, hasta la definición de inteligencia artificial es confusa.

Para dimensionar la brecha entre anuncio y realidad, basta revisar la cronología de 2025

Diez anuncios principales en un año. Cero productos terminados operando a escala. El patrón es consistente: nombre llamativo, fecha futura, y cuando esa fecha llega, un nuevo anuncio desplaza al anterior.

Mientras México acumula anuncios, otros países ejecutan.

Estados Unidos, en su primer día de nueva administración, anunció Stargate: $500 mil millones de dólares en infraestructura de IA con centros de datos ya en construcción. Pero más revelador que los grandes números es lo simple: en abril, la Casa Blanca emitió dos memorándums que permiten a las agencias federales contratar tecnología de IA de proveedores externos. Sin laboratorios nacionales, sin modelos de lenguaje soberanos, sin supercomputadoras con nombres aztecas. Solo una orden: pueden comprar IA, háganlo. A veces, la política pública más efectiva es la que quita obstáculos en lugar de crear instituciones.

¿Y lo que sí opera?

Aquí el inventario se complica. MARCia, del IMPI, existe pero los profesionales de propiedad industrial prefieren no usarla . Sor Juana, el chatbot de la Corte, fue un experimento acotado a una ponencia, con resultados que la propia herramienta advertía podían ser inexactos, el proyecto fue desconectado . El IMSS tiene un piloto de chatbot para oncología pediátrica —valioso, pero invisible a escala nacional .

Nada de esto transforma la administración pública. Nada de esto compite con lo que otros países ya implementan. Son proyectos aislados, experimentales, sin continuidad ni escala. Más pruebas de concepto que política pública. La ironía es que quienes más necesitan la IA no pueden usarla. Magistrados en tribunales administrativos y del Poder Judicial describen rezagos de años en sus cargas de trabajo. Cuando se les propone algo tan básico como jurimetría —usar IA para cálculos de plazos, cuantificación de daños, proyecciones estadísticas— la recepción es mixta: interés genuino de algunos, desconfianza institucional de otros, y cero infraestructura para implementarlo. El problema no es la voluntad; es que nadie les ha dado las herramientas.

En noviembre de 2025, jueces federales pedían cooperaciones entre colegas para comprar papel e imprimir sentencias. Difícil hablar de inteligencia artificial cuando no hay presupuesto ni para tóner.

El problema de la estrategia mexicana de IA no es la falta de visión; es el exceso de ella.

Sobran los nombres aztecas, los laboratorios nacionales, los modelos de lenguaje soberanos y las supercomputadoras prometidas. Lo que falta son productos terminados, implementaciones funcionando, herramientas en manos de quienes las necesitan. Mientras otros países quitan obstáculos para que sus instituciones adopten tecnología, México sigue inaugurando iniciativas que vivirán y morirán en un boletín de prensa.

Prometer no empobrece, dice el refrán. Pero tampoco construye infraestructura.