PI y Derechos de Autor
Los espectros de originalidad: una propuesta problemática para los derechos de autor con IA
Cuando se debate la regulación de derechos de autor con IA, surge una propuesta problemática alrededor del concepto de originalidad…

Los espectros de originalidad: una propuesta problemática para los derechos de autor con IA
Cuando se debate la regulación de la inteligencia artificial, una propuesta recurrente es crear un espectro que clasifique las obras según el grado de participación humana versus IA en su creación. A primera vista, esta aproximación parece lógica y ordenada, pero un análisis más profundo asoma problemas potenciales que podrían generar más confusión que certeza jurídica.
La originalidad no se mide
Existe un problema fundamental que debe abordarse antes que cualquier otro: la originalidad no es cuantificable de manera objetiva. El copyright americano, desde el caso Feist Publications, Inc. v. Rural Telephone Service Co. (1991), estableció que basta con una "mínima chispa de creatividad" (modicum of creativity) para obtener protección. Como señaló la Corte Suprema en esa decisión:
"La gran mayoría de las obras califican fácilmente, ya que poseen alguna chispa creativa, sin importar cuán cruda, humilde u obvia pueda ser."
Este caso del 91 nos muestra una realidad, medir objetivamente cuánta creatividad humana hay en una obra puramente humana (valga la redundancia), ¿cómo pretendemos calibrar con precisión la proporción de producto de IA generativa vs creación humana? Los umbrales asumen una capacidad de medición que simplemente no existe.
Esta imposibilidad de graduación expone la contradicción fundamental de toda la propuesta: construir categorías precisas sobre algo inherentemente inmensurable.
Una propuesta aparentemente sensata
La propuesta típica establece cinco niveles de creación:
1. Humano total (0% IA): La persona crea todo sin asistencia de IA generativa. (100% registrable)
2. Humano con ayuda de IA (IA como herramienta): "Corrige la ortografía de este texto que ya redacté o vuelve a draftear de forma armónica este párrafo" La IA funciona como Photoshop o cualquier software de edición o incluso IA (ChatGPT).
3. Co-creación (participación equilibrada): "Dame 3 ideas para estructurar un ensayo sobre IA y derecho, yo elijo y edito después." Tanto humano como IA aportan elementos significativos.
4. IA con mínima guía humana : "Escribe un artículo de 800 palabras sobre la regulación de IA en México." El humano solo proporciona la chispa inicial.
5. IA total [AKA Hecho por la IA] (sin intervención humana): La máquina genera todo autónomamente. No registrable para derechos de autor.
Este esquema tiene un atractivo innegable: parece ofrecer claridad y clasificaciones que podrían traducirse potencialmente en diferentes niveles de protección legal. Sin embargo, la realidad es considerablemente más compleja.
Por qué no funciona en la realidad
1. El dilema de la determinación o “donde pintamos la línea”
¿Quién decide en qué categoría encaja una obra? Esta pregunta aparentemente simple desata una cascada de complicaciones prácticas. ¿Será una evaluación técnica basada en logs y metadatos? ¿Una declaración jurada del autor? ¿Un peritaje judicial caso por caso?
Cada opción presenta problemas. Los registros técnicos pueden ser manipulados o simplemente no capturar la complejidad real del proceso creativo. Las declaraciones del autor son subjetivas y potencialmente estratégicas. Los peritajes en caso de controversias serían costosos y lentos, creando incertidumbre prolongada. ¿Qué hacemos con Pixar, o con los desarrolladores de software, tendríamos que hacer excepciones o variantes por industria?
2.El error de las divisiones artificiales
La creación con IA no ocurre en compartimentos estancos: es un vaivén continuo entre humano y el LLM. Consideremos un proceso típico: un escritor usa IA para generar un borrador inicial (nivel 4), luego reescribe manualmente el 70% del contenido (¿nivel 2?), después pide a la IA que mejore ciertos párrafos (¿nivel 3?), y finalmente hace ediciones finales (¿nivel 2 otra vez?).
¿En qué punto del espectro ubicamos esta obra? La clasificación se vuelve arbitraria, dependiendo de qué momento del proceso consideremos "definitivo" o qué porcentaje de cambios consideremos "sustancial".
Este debate ya lo tuvimos antes con la fotografía. Nadie considera que las grabaciones automáticas de cámaras de seguridad constituyan autoría: son meramente instrumentales. Del mismo modo, la distinción clave no está en qué herramienta se usa, sino en la intención creativa y el control humano ejercido sobre el resultado.
4. Consecuencias comerciales desproporcionadas
Si los derechos varían según la clasificación, las implicaciones comerciales serían enormes. Una obra clasificada en nivel 4 podría tener menor protección que una de nivel 2, independientemente de su calidad, utilidad o valor de mercado real.
Esto podría crear incentivos perversos: procesos creativos artificialmente ineficientes para alcanzar una clasificación de mayor protección, o divulgación estratégica (u ocultamiento) del uso de IA según conveniencia.
La neutralidad tecnológica y un enfoque más práctico
En lugar de crear complejas taxonomías que midan grados de participación, propongo un enfoque binario basado en el principio de neutralidad tecnológica:
¿Hay creatividad humana? Sí = obra protegible. No = sin derechos.
La neutralidad tecnológica establece que el derecho debe ser agnóstico respecto a las herramientas utilizadas. No importa si usas lápiz, computadora, Photoshop o IA: la protección legal no debe depender de la sofisticación de tus instrumentos, sino de la creatividad humana presente en el resultado.
Este criterio binario mantiene el estándar establecido en Feist: si existe esa " mínima chispa de creatividad" humana, la obra merece protección, independientemente de qué herramientas se usaron para desarrollarla. Si no hay intervención creativa humana alguna, no hay derechos (como el caso de Naruto [La selfie del orangután]).
Esta aproximación elimina los problemas de clasificación gradual y se enfoca en lo que realmente importa: la presencia o ausencia de creatividad humana, no su proporción exacta o la pureza tecnológica del proceso.